Diario I

Me hago mayor y lo noto. Veo mi reflejo y hay algo en él que no identifico. Mi voz sale de mí y me cobija la piel. Me hago mayor y lo sé, es extraño pensarlo y decirlo. Pienso en mi futuro: me graduaré de la universidad y me iré lejos. Sé lo qué es escribir: nada de niñerías -solo el lápiz sobre el papel-, nada de esperar a que venga la musa de Homero o que sucumba en mí una nostalgia profunda -solo el lápiz sobre el papel-.  Quiero seguir estudiando literatura, sé lo qué es leer. Sé que no necesito ni debo limitarme por alguien. Nunca alguien me dijo que fuera valiente, pero ahora me lo digo a mí misma. Se valiente: mi voz emprende un viaje desde mi garganta hasta mi interior. Me hago mayor y espero que mis letras también.

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No me reconozco. Me miro al espejo y veo una imagen robada de mí. Dieciocho años con el viento comiéndose los sueños mientras las letras se me escapan. Querida, queridísima, pequeña niña desalmada, violeta azul, primavera engañosa, caramelo amargo, grito atrapado en la garganta, jardín escondido, mariposa muerta, pez perdido, incendio de mil colores, Orión en el firmamento, figura desvanecida, trato de poner de poner tantas letras como puedo, es demasiado tiempo donde las letras se me escapan, Laura, querido yo, libros caminando, hojas bailando, sonidos saltando y letras llorando, tantas palabras que dejan de significar y miedos que se quedan en el pecho, no puedes dejar que el miedo te consuma, tienes demasiadas cosas por delante, miles de caminos se abren ante ti y sigues con los ojos cerrados esperando despertar de algún sueño. Hay una carta que se encuentra perdida, unas letras que se perdieron, y tú, pequeña, ¿es qué pretendes perderte? Se que lo único que quieres es escribir pero temes no dar la cara, son las letras las únicas que te susurran desde tus adentros, las que gritan para que las escuches. No son tantas las cosas que en este momento debo decirte, porque después de un años ya lo debes saber, y ahora ¿qué es lo que viene?, en fin, Laura, felices dieciocho.

Tengo miedo de que cada vez me vuelva más frágil como las pequeñas alas de una mariposa o las aletas de un pez.
Tengo miedo de que mi piel se convierta en cristal y el arco iris que se proyecta por la luz se pudra con mi alma.
Tengo miedo de desvanecer en un mar infinito donde los recuerdos se van con las olas muertas.
Tengo miedo de no reconocerme, ni hoy, ni ayer, ni mañana, y que mi propia imagen me juzgue con vigor.
Pero  a lo que le tengo más miedo es que al igual que yo, mis letras se vuelvan débiles.


Muere aun el hoy, el hoy, en que nace
la ausencia que da la larva dolida,
el gusano, que es esencia de vida,
en haz de luces la muerte subyace.


Hacen al hombre, y con el hombre se hace
el olvido de la lucha perdida.
Es descubierta, la fiera escondida,
que viva está en el cuerpo que renace.

 Sin lo fugaz de la vida, lo impuro,
no es deseado; lo que está viviente
es penado, y lo que muere es exento.


Es aquel individuo prematuro;
que se convierte, en hijo de lamento,
porque su final no le hace consciente.

Silencia el alma que hay en tu mirada

que solo me grita raíces que no florecen.

El susurro de una polilla al pasar

en medio de nuestro mirar,

me recuerda una niñez agridulce

con risas ausentes y acuarelas llorando.

Creo que me disuelvo con esta lluvia,

como un barco de papel al contacto con el agua.

Mares infinitos, con peces que nadan

hacia a mi cuello para ahorcarme.

Cierro mis labios y mis ojos dicen:

cariño quiere tenerte pero no necesitarte.

.

No es lo mismo

No es lo  mismo

Mirarte a observarte

Tocarte a sentirte

Susurrarte a gritarte

Quererte a amarte

 

No es lo mismo

Mirarme a observarme

Tocarme a sentirme

Susurrarme a gritarme

Quererme a amarme

 

No es lo mismo

Que yo realice

Las primeras acciones

Y tú las segundas

Bogotá

Creí que todo estaba bien,

ya no había marea ni tormentas,

observaba tierra

y por primera vez

no me sentía perdida.

Creí que todo iba a estar bien,

ya no había gritos en mi garganta

ni lluvia en mis ojos,

mi corazón latía al ritmo de las aguas

y mis alas se extendían cada vez mas.

Me jure que todo estaba bien,

que los peces que me rodeaban desaparecerían,

que con el olvido las cicatricen se desvanecerían

y que pronto orión regresaría.

Me dije que todo iba a estar bien,

que sería capaz de sobrevivir a los temblores

y que una carta se convertiría

en mi barco de papel,

pero me engañe;

y es que a pesar de todo

sigo siendo un náufrago.

399

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Yo soy ciudad,

tú eres mar.

Ciudad en la noche,

donde todos los poetas

se revuelcan en sus letras;

mar infinito,

con olas en picadas

y versos que son náufragos.

Ciudad tenebrosa,

con recuerdos olvidados

y suspiros que se vuelven murallas;

mar salado,

con peces fantasmas

y buceadores perdidos.

Ciudad que quiere estar  entre tus olas

pero los edificios la condenan,

ciudad contaminada

por tantas promesas,

que quiere un poco de calma entre sus calles;

quizás a un amante que camine sobre ellas

y nuevos habitantes que no traigan

la incertidumbre en sus bolsillos.

Mar,

con la tranquilidad en el horizonte

y la marea atrapada en su mirada;

ven hacia mí,

ven con todos tus peces fantasmas,

hunde mis calles con tus olas,

entra por las grietas escondidas,

y ahoga todos los habitantes de mi ciudad

hasta que solo quedemos tu y yo;

y así puedas hacer todos

los remolinos que quieras.

Ven  hacia mi

porque yo no puedo ir hacia ti,

y así podre bailar entre tus olas.

Hasta que el sol se robe a la luna,

y evapore todas tus aguas,

haciendo desvanecer

mis esperanzas, de tenerte;

forzándome a una despedida:

adiós Valeria.

Valeria: Aunque tu no lo sepas una vez te convertí en poesía para poder sacar todo lo que sentía por ti, este es el poema que alguna vez te escribí pero no me atreví a enseñártelo.

Infección mortal

Se reproducía tan pausadamente, como una infección mortal, mientras él se ahogaba en sus lágrimas, pensando que así podría morir para poder dejar de sufrir, sus gritos se escuchaban en el cuarto de al lado; pensaba en todo, en un pasado que le hacía revolcar el estómago, en un futuro indeciso. Al pasar el tiempo se convirtió en un fantasma que indaga en lugares prohibidos, lugares inexistentes. Pero al final, en una noche de septiembre donde el viento se revuelca en las ventanas, murió en silencio, con sus ojos abiertos y sus labios húmedos; murió de tanta soledad, murió de tanto sufrir, murió de amor.

Pez

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Soy un pez, nadando en el aire, perdido entren las olas del viento; un pez desvaído, distraído, insinuante; un pez que nunca ha encontrado una pecera al cual llamar hogar. La marea me llama, pero yo nado hacia las estrellas y dejo que me lleve la corriente del viento, dejando atrás los recuerdos malos, olvidando  cada tres segundos, un pez solitario, abandonado, enamoradizo, que le gusta confundir sus ojos por el agua; un pez nadando hacia un lugar inexistente, sin mirar atrás.